Mostrando entradas con la etiqueta facultad de comunicaciones usmp. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta facultad de comunicaciones usmp. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de octubre de 2008

Ciclo : X

Llegar al décimo ciclo de universidad puede significar para muchos una gran nostalgia por verse próximos a abandonar las aulas, los amigos y a los entrañables profesores. Significa para muchos, realizar los preparativos para la fiesta de graduación, tomarse fotos con toda la gente posible –incluidos personal de limpieza y vendedores de los quioscos- y preparar discursos de despedida para los amigos. Para mí estar en décimo no significa gran cosa.

En la universidad donde yo estudio, al llegar al último ciclo de la carrera de comunicaciones, ya no existen cursos ni exámenes, es decir, te olvidas de lengua 1, 2 y 3, seminario de investigación, antropología filosófica y demás fruslerías. Ya no tienes que estudiar para dar examen parcial ni final, suena bonito ¿no?, pero a cambio tienes que asistir todos los días vestido formalmente –terno o sastre- porque lo de ahora es un ejercicio, un ensayo, un simulacro de lo que harás cuando egreses.

Supuestamente tu comportamiento debe ser ahora el de un trabajador que asiste a su centro de labores, la universidad crea en uno de sus ambientes un cariz laboral, lleno de oficinas, donde los estudiantes se desenvuelven empleando todo lo aprendido en los años previos, distribuidos en grupos a los que llaman empresas.

Entonces, todo bonito, vas bien vestidito y peinadito –te conminan a cortarte el cabello si eres varón y lo llevas largo-, firmas tu entrada y tu salida, y te forman en equipos para trabajar. Es así que tus amigos se vuelven tus enemigos –porque ahora sus “empresas” compiten- y gente que nunca en tus 5 años de vida universitaria viste, se vuelven tu familia, porque los ves día y noche 5 días a la semana, por lo que finalmente terminan siendo tus enemigos también.

Nuestra querida universidad logra contagiar, rápidamente, a sus futuros egresados del espíritu empresarial, lo que implica sustituir los nombres por los apellidos a la hora de llamar a alguien, cambiar la gaseosa por un buen capuccino, llamar al break: Coffe break, emplear palabras técnicas y pensar, día y noche, cual robot, en el trabajo, el trabajo y el trabajo, claro que en el fondo los pobres alumnos saben poco o nada de cómo hacer el bendito trabajo.

Llegar al décimo de ciclo de universidad significa para mí una tortura del carajo –y un aburrimiento aún mayor- , mi carácter ufano y mi actitud bigarda quedan en pleno manifiesto y son ahora inocultables, por lo que solo me queda reír cínicamente y preguntar a cada rato: ¿Ya es coffe break?

viernes, 8 de agosto de 2008

No soy un cuentero.

Estoy en la cafetería de la universidad hablando de literatura con uno de mis mejores amigos. Debatimos sobre algunos autores, nuestros gustos novelescos, yo nombrando siempre a ese escritor que tanto admiro, mi amigo diciendo que ese escritor solo escribe para la polémica. Mi amigo me pregunta como va mi futura novela, le cuento que estoy trabajando en ella fervientemente, que estoy tratando temas bastante comunes en un adolescente por lo que se está tornando algo truculenta. Él me alienta, me dice que mejor así, tiene q ser una obra contundente sentencia. Luego me pregunta si tengo el contacto de alguna casa editora, le digo que he estado averiguando y me llevé una aciaga sorpresa, los costos por una publicación son altísimos le dije. ¿Y no has averiguado acá en la universidad?, debe tener una editorial, más aún siendo esta facultad de comunicaciones, me dice.
Es así que azuzado por la iniciativa esperanzadora que me alcanzara mi amigo, me encaminé a la coordinación de la universidad en busca de respuestas – de preferencia positivas-, voy a hablar con el coordinador le dije al vigilante que se me puso al frente para impedir mi paso, me permitió pasar, entré a esa oficina de puertas de vidrio, el coordinador hablaba amenamente con dos profesores, soltaban largas risotadas, decidí ser prudente y esperar a que terminaran de platicar. Rato después –largo rato- se acerca a mi el coordinador, bastante rollizo, bien peinado él, con su terno de liquidación, y en la cara una media sonrisa, ¿si alumno, que desea?. Buenas tardes profesor, soy alumno del décimo ciclo y además un escritor incipiente, por lo cual quería averiguar que posibilidades hay de que la universidad se interese en publicarme, quizá fui demasiado conciso en mi descripción, el coordinador secándose la frente con un pañuelo me dijo con un tono bastante socarrón: bueno alumno aquí publicamos los libros del decano, porque la verdad la verdad aquí los escritores y poetas como tu, ¿Por qué tu eres poeta no?, tienes pinta de poeta, todos están muy pichoncitos. Entiendo dije, estaba contrariado, bueno yo en realidad aspiro a ser un novelista, no me dejó terminar, el profesor me atropelló con sus palabras, enséñale tus cuentos a algún profesor de literatura. ¿Cuentos? Pensé. ¿En que te estas especializando? Preguntó, en publicidad respondí, achachay entonces mejor dedícate a la publicidad en vez de estar metiéndote en escrituras oiga, concluyó el coordinador. Gracias por su tiempo mister, traté de menoscabarlo. Mister no, master me corrigió. Hasta luego maestro me despedí. Salí de esa oficina oscurantista, ¿Qué tal te fue? Me pregunta mi amigo, terrible – respondí- pero la experiencia me servirá para hacer un cuento.

sábado, 21 de junio de 2008

Fiesta de Monos

¿Has escuchado alguna vez esa horrenda canción q dice : “Estar en la universidad es una cosa de locos, estar en la universidad es una fiesta de monos”? Pues debo decir que pocas veces escuche en la radio una frase tan cierta y memorable y sobre todo que diga por mi lo que pienso de la universidad.
Estudio comunicaciones hace cinco años - siendo este mi ultimo año, lo que se agradece.- y en este tiempo sentí como, quieras o no, formas parte de una institución que no te conoce, que no sabe quien eres, que no sabe como te llamas o en que eres bueno, pero como la ignorancia total no existe hay algo que sí sabe y es cobrarte puntualmente.
Yo trato de no involucrarme en esos duelos interminables por ver cual es la mejor universidad del país, ya que para mi – y a sabiendas que aquí el nivel de la educación es pobrísimo.- todas son igual, todas te venden “conocimiento” y el precio varia de acuerdo al edificio en que quieras estar.
Me ha tocado escuchar –y soportar- a profesores que terminando sus clases en la universidad iban a enseñar a otras universidades, lo que me parece valido por que los sueldos a los maestros no son digamos: humanos, pero que deja dudas sobre si existe diferencias entre una universidad y otra.
En mi universidad pasan las cosas mas locas y extrañas y se que muchos coincidirán conmigo en que fueron cosas locas. ¿Alguna vez haz querido dar un reclamo y te han cobrado por escucharte? – escucharte, no solucionarte el problema.- ¿Alguna vez viste a un guachiman corretear a un alumno por toda la universidad por que quiso entrar a un aula un minuto después de que tocó el timbre?, ¿alguna vez te aumentaron abrumadoramente la pensión por que a tu universidad se le dio la gana de comprar un equipo de fútbol?, ó ¿Alguna vez tu profesora te dijo: debes dar la cuota de 45 soles para que la universidad haga un seminario o quedaras desaprobado del curso? Y así tantas preguntas más que podría seguir planteando y que solo confirmarían que una cosa es lucrar y otra enseñar.