martes, 3 de enero de 2017

La cara de tonto


Tengo cara de tonto, he llegado a esa conclusión. Y no digo que lo sea, sólo que lo aparento porque así lo percibo: quieren timarme en todos lados. 


Me quiere timar el desconocido, sí, pero también el conocido. El que no me conoce, por ejemplo si es alguien con quien platico, quiere tomarme por tonto contándome mil y un historias, fábulas de niños que espera yo -candidamente- crea a ciegas. Y  yo sé que me miente pero finjo que no.


El que me conoce quiere también verme la cara sobre todo cuando en algo me ha fallado, y busca envolverme con falacias, asfixiarme con cuentos, silenciarme con mitos. En un rapto de estupidez producto de la desesperación olvida que me conoce, que sé que puedo advertir que me engaña, e igual trata de engañarme.



Sin embargo en ningún caso antes contado llega a afectarme en lo absoluto, solo me causa una suerte de asombro por la capacidad del otro en creer que uno es tonto.


Una amante quiere verme la cara, una mujer que me quiere desea embaucarme, una cómplice idílica se propone tomarme por tonto y pasa, casi siempre, cuando las arrincono mentalmente a alguna verdad. En casos así, los argumentos son tan sorprendentes que siempre se superan así mismos, baten record, con perplejidad incluso a veces me provoca aplaudir tamañas recreaciones artísticas. 

Sé que todo es mentira, y mientras escucho trato de ver mi reflejo en algún lado al tiempo que pienso "¿acaso es así como luce un tonto?"

usted que me lee o que me escucha tal vez en su mente, me sabrá comprender, pues o bien le ha pasado, es decir, lo han querido tomar por tonto, o tal vez en algún momento trató también de verme la cara cara a mí, en cualquier caso sabe lo que digo. 

lunes, 23 de marzo de 2015

Ha anochecido

No puedes esquivar las balas todo el tiempo, alguna vez resultarás herido. La vida es así, no existe la perfecta suerte. He escuchado esa frase dentro de mi cabeza y he sentido que el camino es amargo y lúgubre, más aun bajo esta noche que empieza con aquel extraño cielo.

y es extraño porque es hermoso, y sin embargo amenazante y misteriosamente incierto. Es como eres tu conmigo.

aquel cielo que veo encumbrándose en lo más alto parece también que anunciase la llegada de un desastre, de un huracán o un tornado devastador. Es extraño porque me recordó a ti llegando a las orillas de mi alocada existencia, al propio interior mío, a mi alma y mente, nubladas por estos tiempos, embriagadas de incertidumbre.

así es el dolor, que no es más que la onda expansiva tras el estallido de una realidad adversa, negativa y radical. así se muestra cuando los intentos por lograr algo han sido en vano, y otra cosa superior a todo se rie de ti, Llamémosla  El Destino, por ejemplo, como si el destino se burlase de tus torpes intentos por conseguir algo que no está escrito para ti.

entonces es como librar una batalla contra algo fantasmal, algo que no existe, solo eres tu en medio de universo.Solo, por la inanidad tuya, la inanidad de tus sentimientos quiero decir. Y mira que bonita palabra inanidad capaz de describir cabalmente el todo que es tu nada para conmigo.

No puedes esquivar las balas todo el tiempo, pero herido sabras al menos arrastrarte, o aprenderás a hacerlo a la fuerza, hasta refugiarte, asimilar el dolor y volverte uno junto a él. Hasta que tras un intenso parpadeo final, despiertes sano y más fuerte de la amarga pesadilla.




lunes, 16 de febrero de 2015

Vivir del humo

Me ahogo de sólo imaginarlo. Aunque valgan verdades lo he intentado en alguna ocasión, dejándome arrastrar por lo liviano de la vida hecha un sueño más. He llamado humo a todas esas cosas ubicadas en las bancas del limbo entre lo consciente y lo inconsciente, quiero decir, entre la realidad y los mil y un mitos que nuestro empeñoso cerebro puede crear sobre una situación determinada.

No me gusta ver gente que vive de la humareda que son sus sueños pronunciados como realidades. basta con reunirte después de tiempo con alguien, que de pronto te está contando que si, hermanito, empiezo mi tramite de la visa y me voy para los yunaites, y me vuelvo el latin lover, y luego te habla de mil planes que disfruta sentado aún en la horrible lima, sin plata, y gorreandote encima un cigarrito.

por eso mismo trato de mantenerme ajeno a facebook, por ejemplo, donde el humo llega a su punto más alto. y al entrar y darle una chequeadita así nomás parece que estás entrando a una vivienda de la cuadra 6 de la av renovación, así, harto humo, harto vaho de hechura marihuanera. Y ves centenares de post de efímeras alegrías cortoplacistas, entusiastas por cosas que nunca serán, y que menos van a ser si sigues posteandolas en vez de hacer algo por lograrlo. Pienso. Reniego. Me frustro. 

Cuando he vivido del humo me ha ido bastante mal, como si se tratase de un hechizo malevolo, siempre me ha pasado todo lo contrario a lo que expelía en el rico humo. Porque lo cierto es que es riquísimo dejarte llevar por el humo contando proyectos que ni si quiera he emprendido, y disparar nomás, a sangre fría, como quien usa su tarjeta de crédito sin reparar en que no tendré cómo pagar luego.

Cuando lo he hecho he sido feliz cuestión de minutos, y luego me sentía un reverendo huevón.


Por lo general a la gente le gusta vivir del humo, es una forma de vida cotidiana, es más vida que la vida misma incluso. Y a nadie parece importarle que luego nada salga, pues hay una fabrica de humaredas dentro del peruano, y ese vaho parece reinventarse ante el fracaso.
mucho me ayudó una frase de la película Cinema Paraiso, en donde un mentor le dice al protagonista que se desvivía hablando de sus planes: "no quiero oírte hablar, quiero escuchar a otros hablando de ti". 

lunes, 5 de enero de 2015

La caminata secreta del uno del uno



Había escrito mi nombre en la arena usando como lápiz la punta de mi pie. Estaba en medio de la oscuridad en aquél albor de la madrugada. Seguramente me salió cualquier cosa, aunque en realidad eso era lo de menos. No buscaba una obra de arte, sólo un recuerdo mió que dure en la orilla minutos, si acaso instantes, o lo que demore en llegar una ola.

No olvido aquellas ráfagas de colores que pintarrajeaban la oscuridad fugazmente. aquellas explosiones por medio de la cual muchos intentaban expresar su alegría por el nuevo año. No me molestaron gran cosa, no era como en la ciudad, donde cada tronar es un respingo y un cerrar de ojos abrupto. Aquí no. En medio de la inmensidad que significa una playa nocturna, aquellos truenecillos eran en realidad un cosquilleo que incluso me divertía, era lindo achinar los ojos para tratar de observar el mar en tinieblas por un lado, y al girar la cabeza pequeñas lluvias de colores salpicadas en las nubes grises.

Debía ser el único caminante. Mi iniciativa sería obsoleta en año nuevo para cualquier otro. Eso lo hacía tan interesante para mí. Debo ser anacrónico. Estaba un poco harto de pláticas fatuas,  bullas, de gestos, de embriagues de tantos tipos que hay. Hacía tiempo que planeaba en secreto esta caminata.

En un determinado momento, mientras caminaba mojado hasta los tobillos a lo largo de la playa, me coloqué los audífonos y escuché una canción sobre Estar Bien, y otra sobre Estar Feliz, y tuve entonces una sonrisa llena de paz que me hubiese gustado fotografiar para la posteridad, porque realmente me estaba sintiendo bien y feliz, caminando errante, extraviándome entre en el mar y la oscuridad cómplice.

domingo, 11 de mayo de 2014

Luz amarilla


Caminó en vilo, como pudo, hasta llegar a un parque que aquella mañana lucía virgen. Tenía la camisa mal abotonada y con una de las manos sujetaba una casaca de cuero, la cual dejó caer antes de dar tres últimos pasos más, hasta que ya no pudo consigo mismo y se desplomó en el frío césped del parque solitario, ante la atónita mirada del guachiman, que tras el abrupto se paró de un respingo de su silla austera, pensando si aquél muchacho estaría muerto.


Se convenció de salir de casa entrada la noche, de no repensar aquellos planes mediocres que ultimamente eran lo mejor que podía urdir. Sentía que su vida se había vuelto más que aburrida, absurda, conminado a redactar historias mediocres, trilladas y feas para un diario populoso, con lo que se mal ganaba la vida.


compró una botella de ron barato y unos cigarrillos suaves en una bodega alumbrada por luz amarilla. Una estragada mujer lo atendió, hablaba mal el castellano. A él le encantó ese cuadro, que azuzaba su intención por protagonizar un montaje decadente, quería sentirse así.
Metió todo en una bolsa negra y luego abordó un taxi cerca a una avenida. Le dijo al conductor llévame aquí nomás, profe, al jirón cuzco, un ida y vuelta que quiero hacer una parada técnica. El hombre obedeció, eso sí, subió el volumen de la salsita que venía escuchando antes de meter primera.


Cuando llegaron al desolado lugar el vehículo se estacionó y él bajo parsimonioso. se acercó a un sujeto que esperaba apoyado en una de las paredes. Musitaron algo y chocaron las manos, y luego él regresó al taxi. Nos fuimos, profe, le dijo al chofer dándole una palmada en el hombro. El auto arrancó.


Había un pequeño edificio en medio de la Avenida Arequipa, que tenía unas letras encendidas en luces de neón: HOSTL. la "a" se había fundido. Allí entró.
Su miserable trabajo le permitía al menos tener algún dinero en el bolsillo. Pagó un cuarto de cama redonda de dos plazas, y televisor con cable. Subió y sin perder tiempo acomodó sobre la cama el arsenal que había llevado. a oscuras se desnudó y programó algo de música en su celular. canciones psicodélicas salían del aparato una tras otra, y él bailaba y se meneaba en la penumbra dando sorbos largos a su botella, prendiendo algún cigarrillo, o manchándose la nariz.


sintió pena en un momento, recordándose como un patán, un castigador que en realidad se había castigado a sí mismo alejando a todo el mundo de su lado. Quiso llorar incluso, pero de repente un ramalazo de cosquillas pareció invadirlo, y no paró de reír. sintió que se derretía su soledad.

En otra oportunidad se asomó por la ventana mostrando el pecho descubierto. altivo miró al vació y prestó atención al rumor del viento. ¡Cállate que no escucho!, le gritó a su celular que reproducía la música. Luego esnifó en el umbral de la ventana, y una pareja de enamorados que pasaba por el lugar quedó viéndolo desde la acera de enfrente.


lo último que intentó hacer, sin éxito, fue pararse de cabeza, pues terminó tendido en el piso brindando por no sé quién, mencionando varios nombres hasta que fue presa de un rapto abrupto de sueño que poco  poco volvió todo negro.
Algún rato después parpadeó pesadamente, para finalmente abrir los ojos como dos platos, perdido en una nube de incertidumbre sin tiempo ni espacio, con un único recuerdo claro en la cabeza: el maldito turno que tenía en el diario a primera hora de la mañana.   


viernes, 21 de marzo de 2014

¡Presente!


Cuando sonaba el timbre a las nueve de la mañana, todos corríamos al aula. Recuerdo a los jóvenes universitarios de aquellos años, atravesando empeñosos el patio para no llegar tarde a la clase. Yo subía y entraba a duras penas, me sentaba al fondo y esperaba a que pasen la lista.

-¡¿A ver, el señor Juliano Reny Stweard Fabiani Masa!? - espetaba el docente de ocasión. y claro, todo el alumnado reía o hacía gestos de profunda confusión, mientras yo cerrando los ojos trataba de entender -una vez más- qué le habría pasado por la cabeza a mi padre para caricaturizarme con tan acanallado apelativo.
-¿Juliano Fabiani, profesor? - confrontaba timidamente.
-A ver, a ver - decía el docente acomodandose sus gafas de lectura - Acá dice Juliano Reny Stwear... Fabiani Masa... asumare' - sentenciaba.
-¡Eh...sí!, ¡presente!
mi voz era entonces seguida de crecientes murmullos, previsiblemente las más encarnadas burlas. Y, al mismo tiempo, le devolvía al profe una mirada llena de rencor, porque sabía que entonaba mi nombre completo solo para quedar bien con los demás, para ganarse su confianza en base a risas. Pero si hasta yo mismo me reiría de ese nombre.

Lo mismo hacía con otros infortunados cuya identidad era marcada por tan feos apelativos. y realmente en el Perú la gente se caracteriza por tener nombres feos, raros, espurios... al menos uno, quizá no el primer nombre, pero si el segundo, o alguno por allí.

el profe lo sabía y pasar lista era su momento favorito. mirando los rostros variopintos de los más de cincuenta alumnos, usaba lo que alguna vez nuestros padres pronunciaron con orgullo, para saciar su hambre de buen humor: ¡Esneider Carbajas!, ¡Saturnino Peters La torre¡, ¡Tetriz Ludovico Pino¡, ¡Jackson Estui García¡... yo también me reía, pero no era lo mismo, yo también estaba marcado.

Cierta vez le consulté a mi padre, aprovechando que estábamos de buen humor, sobre cómo es que se gestó mi nombre. Levantando los hombros me dijo que en un principio quería ponerme uno solo, sin embargo el quería que fuera Juliano como su padre, que mi madre quería Reny para  homenajear a su abuelo que en paz descanse, y que el cura que me iba a bautizar quería Steweard en honor a un misionero americano de ese entonces. Así que para no pelear y llevarse todos bonito, terminaron por plasmar en mi lo que cada uno añoraba.

no entendí entonces ese absurdo, pero tal vez algún día lo comprenda. como cuando sonrío pensando que si alguna vez tengo un hijo me gustaría llamarlo "Santino", como es el nombre de mi personaje favorito de El Padrino... Absurdo que de seguro el peque
ño "Sonni" renegará, cuando deba decir presente en la lista.