Hace unos días tuve el agrado de ver esa película nacional, cuyo nombre asustadizo ya cansa de sólo mencionar, y que en poco tiempo se hizo famosa por estos lares por haber ganado algunos premios nada desdeñables.La película generó gran expectativa; se vendió muy bien; buen trabajo de marketing departe de su directora y su equipo. Sin saberse bien el argumento causó gran expectativa, de seguro iba a ser un golazo desde el estreno, y estoy seguro de que lo fue.
La película me pareció genial, me encantó, la vi con gran asombro y con prodiga atención; me captó muy rápido. Los escenarios tan polvorientos; los diálogos tan coloquiales; las palabras usadas, que eran un atentado terrorista al castellano; y sobre todo los actores, cada uno tan bien trabajado y tan reales en sus papeles; todo era muy preciso.
Pero era muy preciso para mí y para los demás individuos que estábamos en aquel cine pulgoso, y para los miles de espectadores que vieron la película dentro del territorio peruano. Para los que vivimos aquí -en este desangelado país- la película es muy real y hasta informativa, pues nos cuenta cosas que a veces ignoramos de nuestra propia realidad como peruanos.
Pero qué pasa con la gente que ve la película siendo de otro país; seguramente muchos apreciarán la fotografía o el sonido o las tomas; pero la gran mayoría verá el film y verá en el al Perú, y por ende a todos nosotros, y nos alinearan en un solo frente sin ser todos cochinos, ignorantes, desdentados, lisurientos, amantes de la chicha, violadores, machistas y etc etc.
Como dije, la película me encantó, pero me es inevitable no reconocer en ella el Efecto Laura Bozo. Ese germen que se alimenta gracias a dejar a los peruanos como indios endiablados y pegalones ante el mundo sofisticado, que mira desde su cómodo asiento como algunos morenillos se sacan el ancho. ¿No será esa la manera más fácil de triunfar en el extranjero?
