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lunes, 4 de mayo de 2009

Niña, chica grande.

Mario me llama al celular, me pregunta si estoy en casa. Yo le digo que sí, que estoy escribiendo. Él me pregunta si puede caerme un rato, dice que está con Claudia, su enamorada, y la prima de Claudia, a quien me quiere presentar; no olvida mencionarme que la prima está buena. Acepto con entusiasmo.

Minutos más tarde tocan el intercomunicador, son Mario, Claudia y su prima, los hago pasar de inmediato. Saludo a Mario con cariño, no nos vemos muy seguido; saludo a Claudia de forma comedida, no me cae; luego veo a la prima, es más joven de lo que creí, tiene aspecto de adolescente, fácil unos dieciséis años. A pesar de eso, es una chica linda, agraciada, noto de inmediato que tiene bonito cuerpo y también bonita sonrisa y bonitos ojos, en ese orden.

Se llama Gretel, me dice Claudia. Qué nombre tan raro, pienso, pero en cambio digo: qué bonito nombre, me gusta. Nos sentamos en la sala, Mario y Claudia juntos en uno de los muebles, Gretel y yo juntos en otro. Mario me enseña una bolsa plástica de color negro, con un bulto dentro, no tardo en adivinar que contiene, ¡un trago!, le digo. ¿Cómo sabías?, me dice. Porque eres un borracho, me es difícil imaginarte sin una botella de licor al lado, digo, las chicas se ríen.

Arrancamos a tomar el ron barato que ha visto a bien traer Mario. Tomamos con una vehemencia exacerbada para ser lunes. Conversamos un par de tonterías. Le pregunto a Gretel cuántos años tiene. Ella me dice que en dos semanas cumplirá diecisiete. Yo sonrío porque adiviné su edad, y porque empecé a paladear la idea de que seré merecedor de la palabra chibolero.

Mario y Claudia empiezan a besarse escandalosamente, el cariz se vuelve un poco incómodo. Voy a poner música, digo. Gretel alarga la mirada, ¿sabes tocar guitarra?, me pregunta, señalando mi guitarra que está tirada por ahí. Sí, algo sé, digo. Mejor toca algo, dice ella. ¿Qué quieres que te toque?, le digo pretencioso, a la vez que cojo la guitarra y me la pongo a cuestas. Gretel se ríe y toma un poco más de ron, Mario y Claudia siguen chapando.

Toco un par de canciones, Gretel las celebra, mi amigo y su enamorada no me hacen caso. El trago, como siempre, ha logrado evaporar los rodeos y las cavilaciones, entramos en la etapa donde decimos lo que se nos antoja. ¿Te puedo dedicar una canción?, le pregunto a Gretel. Ella arquea las cejas, se sorprende. ¡Qué lindo, me encantaría!, dice y da algunas palmadas. Es una canción romántica, la letra es casi tan linda como tú, digo y empiezo a tocar la única canción lenta que sé, y me río por dentro porque ni yo me creo lo que acabo de decir.

Termino la canción y Gretel me aplaude conmovida, y luego se me acerca y me da un abrazo. Yo dejo la guitarra a un lado y le devuelvo el abrazo a Gretel, la huelo un rato, huelo su cabello, huele rico, a fresas; luego la miro y la beso; y entonces siento que mi casa parece el parque del amor, lleno de parejas besuqueándose mañosamente.

El ron de Mario se termina, y yo no quiero que la reunión se termine. Les digo a los chicos que yo tengo una botella de ron a medio tomar, que está en mi cuarto y que la traeré para seguirla. Mario levanta los pulgares, se ve que ya está mareado, igual que Claudia; luego le estampa otro feroz beso a su enamorada. Me pongo de pie y al escudriñar la situación, me doy cuenta de que Gretel y yo ya no necesitamos seguir allí para divertirnos. Entonces, miro a Gretel y le digo: ¿Me haces la taba a traer el ron? Ella se ríe cómplice y no dice nada, sólo se para y me sigue.

Entramos a mi habitación y no hay tiempo para explicar las excusas, Gretel y yo nos besamos con fruición, primero de pie, y luego sobre la cama, ambos nos tocamos con ganas antiguas. La habitación está tenuemente iluminada por la luz de la calle, que se asoma por la ventana. Ayudo a Gretel a desnudarse y luego lo hago yo, siento un deseo endiablado en mí, y a la vez una vocecilla que me recuerda que Gretel es aún una adolecente, tiene dieciséis años. Pero cuando tomo no soy bueno para escuchar, así que no hago caso y sigo con lo mío; pongo a Gretel a horcajadas y pasa lo que ambos queríamos que pase.